
Hoy Goño ha tenido un día particularmente difícil.
Entre otras cosas, se ha enfadado muchísimo con su abuela porque "ha hecho trampas" jugando a fútbol. (La abuela había lanzado la pelota cuando él no estaba en la portería.) Goño ha montado un pequeño gran drama y ha empezado a llorar, y a hipar, y a gritar:
-¡¡La abuela me ha destruido mi oficio!! [Goño últimamente quería ser futbolista.] ¡Con lo que me había costado marcar esos goles! ¡¡Y ahora ha destruido mi oficio y no podré tener ningún oficio y no trabajaré en nada y no tendré dinero ni podré comprarme cosas!!
Madre y abuela hemos hecho un repaso exhaustivo de otros oficios que podía ejercer, pero él se cerraba en banda.
-¡¡Que no, que no quiero hacer otra cosa!! ¡¡Me ha destrozado mi oficio y ya no podré hacer nada!!
Un buen rato más tarde aún seguía llorando y ha empezado a deslizarse por la resbaladiza senda de la autocompasión.
-¡Voy a sufrir toda mi vida! -ha empezado a decir-. ¡¡Voy a ser el niño más triste del mundo!!